Por Lino Morales Gómez
CONDICIÓN Y NOBLEZA DE LOS SERES HUMANOS IV, Páginas 225 a 233
La vida
es provocada por una esencia o substancia etérea que se extiende y que llena todos
los resquicios del Universo, que con su energía es capaz de organizar la
materia orgánica y con ello crear seres vivientes. Es capaz, así mismo, de dar
a ciertos seres con vida su propia e individual fuerza motriz para que tengan
autonomía, para que puedan nutrirse, desarrollarse, conservarse, reproducirse,
así como para poder relacionarse entre sí y, en cuanto a los seres humanos se
refiere, para ser capaces de discernir el bien del mal.
La vida en sí misma es un algo que por el
momento aún no alcanzamos a comprender del todo, algo que no podemos captar ni
a simple vista ni con ninguno de los medios científicos de que disponemos
actualmente. Sin embargo, ese algo que está latente y presente en todo el Universo,
en todo el macrocosmos, ese algo misterioso está siempre listo para, en cuanto
que se dan los medios y los ambientes apropiados en un lugar determinado, pasar
inmediatamente a organizar y crear seres, dándoles vida para habitar y poblar
los mundos para poder manifestarse y dar fe de su presencia.
Esa misteriosa esencia creadora se manifiesta incluso en medios bastante adversos; lo hace aunque sólo sea con o a través de organismos simples y rudimentarios. Luego, a lo largo del tiempo, los va perfeccionando y readaptando al medio en que desenvolverse.
Así que la vida en sí misma es una
misteriosa sustancia que se encuentra flotando en todo ambiente, en todo el Cosmos,
y penetra a través de atmósferas, de líquidos y de sólidos, incluso está en el
vacío total, y está latente en toda clase de temperaturas. Y siempre está
presta a arremolinar, seleccionar y organizar ciertas substancias y partículas
de materia para crear distintas especies de seres vivientes, entre los que hay gran
variedad: dinámicos, sensibles, racionales…
Por tanto, la vida es uno de tantos efectos
constructivos y creativos que tienen las Leyes Naturales y que rigen el
Universo. Es una potencialidad de estas Leyes Naturales; así pues, por ser la
vida de procedencia natural, debemos aceptarla, respetarla y amarla.
Todos los componentes de nuestros cuerpos han sido tomados de la
Naturaleza; todos estaban aquí antes de ser nosotros quienes somos y seguirán
estando después de que nosotros dejemos de ser. Todo esto en cuanto a lo que se
refiere a la parte material de nuestros organismos corporales. Particularmente,
en esto hay pocos o casi nadie que lo cuestionen. No pasa lo mismo con la otra
parte, o sea con nuestras facultades no materiales, con la parte que llamamos
espiritual, o sea mental, intelectual, sentimental, etc. En el atribuir la
fuente o procedencia y destino o supervivencia de estas potencialidades, sí que
hay mucha disparidad de creencias.
Yo en cuanto a esta cuestión, también
tengo mi propio parecer; creo humildemente que todos tenemos derecho a usar la
facultad de opinar, de tener nuestro particular criterio.
Así pues, pienso que, igual que toda la parte material de nuestros cuerpos ha sido tomada de aquí, de este mundo, también lo demás ha sido tomado de aquí, o sea que también nuestras facultades no materiales han sido germinadas y generadas aquí, aunque lo llamemos parte espiritual.
Puede que éstas sean energías
cósmicas más sutiles de este Universo en que estamos inmersos y por eso son
insensibles, pero también puede que sean fruto o producto de la misma materia
organizada. En todo caso todo quedará, más o menos en el mismo sitio de donde
se tomó. Creo que la vida es producida por una sustancia con unas propiedades
no comprendidas, que dan el principio y el fin de los seres vivientes. Y, por
favor, no me tachen ni de materialista, ni de mecanicista, ni de panteísta.
Pues claro que habrá vida futura, lo mismo que ha habido vida pasada y
hay vida presente, pero toda es una y única Vida. Primero es Vida en potencia y,
después, organizando la materia se aloja en sus creaciones, dando lugar a una
infinita gama de seres vivos, manifestándose a través de ellos obedeciendo a
unas Leyes Naturales. Todos estos seres
con vida, mejor o peor dotados de facultades, participan de ese tronco común
llamado Vida, vida que se manifiesta de infinitas modalidades, ya sean entes
vegetales, animales o racionales. Pero estamos fundamentados y dinamizados por
esa esencia misteriosa llamada Vida. Ésta es la que se encarga de organizar la
materia dotándola de facultades y concediéndole individualidades y autonomías
para su desarrollo, reproducción y comportamientos.
En esto de la Vida, a pesar de su aparente
misterio, no hay nada que sea sobrenatural; que la entendamos o no es otra
cosa, pero, a pesar de ello, toda esta dinámica del vivir se desarrolla dentro de
unos parámetros y de una lógica y orden
naturales.
El hombre, generalmente, acostumbra a llamar actos sobrenaturales a todas las fuerzas o energías que no comprende o no puede comprender con su limitada inteligencia; pero no por no comprenderlos ahora, tal vez los comprendamos más adelante, digo que no por eso dejan de ser naturales o de estar inmersos en el orden natural.
He leído varios libros de autores que
intentan explicar el “Origen de la Vida”
y he podido comprobar que todos estos autores se quedan y se enredan en la
explicación del origen y composición de los órganos del “ser”
viviente.
Hablan extensamente de aminoácidos, de
ácidos nucleicos, de átomos, de
moléculas, de enzimas, de proteínas, de vitaminas, de genes, de células y de
muchos más ingredientes. Argumentan sobre la naturaleza de los materiales, el
orden de cómo están colocados, las relaciones y reacciones entre ellos, los
efectos y las causas de estos enlaces, en fin, hablan de todo lo empleado en el
cuerpo, en el vehículo del cual se sirve la Vida para habitar en él, para estar
y manifestarse, para transportarse de una manera real y también para poder
relacionarse con otros seres en los cuales también habita la Vida.
Todas estas explicaciones están muy bien, pero
son así como si quisiéramos explicar el origen de un palacio, diciendo lo que
son las piedras, los ladrillos, el cemento, la arena, las maderas, los
cristales, etc. etc. que entran en su
composición y cómo se colocan y combinan todos estos materiales para dar origen
a esta maravilla de palacio que estamos contemplando. También, hablaríamos del
orden y el exquisito gusto de cómo están amueblados los amplios aposentos
interiores donde viven, trabajan y se divierten sus moradores. Pero sin dar
ninguna explicación del arquitecto, ni de los maestros albañiles, pintores, carpinteros,
etc. que hicieron posible tal maravilla.
Se olvida totalmente el agente que ideó y
construyó ese portentoso monumento, que somos nosotros, que sería nuestro
Creador, y así es como explican ‘el Origen de la Vida’ casi la totalidad de los
señores escritores que intentan darnos a conocer el gran misterio que encierra
y envuelve la Vida.
Además de no entender ni explicar nada de
cómo opera ese escultor que hizo, y sigue haciendo posible, la construcción de
estos organismos o seres vivientes tan enigmáticos y tan perfectos, tampoco
aclaran nada de cómo sigue dándoles aliento y animosidad. En concreto, de este
gran arquitecto no dan explicaciones concretas, no dicen nada, o sea, que de la
Vida misma o propiamente dicha no aclaran nada.
Yo quisiera que estos señores que intentan
explicar el ‘Origen de la Vida’, me
dieran razones más convincentes. Yo creo que lo que surge no es exactamente la Vida
sino los ‘Seres vivientes’ que son los entes que contienen la Vida. La Vida no
es generada por los seres vivientes, sino que éstos son generados por la Vida.
Ellos son los vehículos donde va alojada la Vida. La Vida fue la que empezó a
colocar las cosas para habitar en ellos, en todos nosotros.
Entiendo, por eso, que esta frase de
‘Origen de la Vida’, que generalmente vienen empleando muchos investigadores,
no es correcta; para este caso, se debería decir esta otra, ‘Origen de los
seres vivientes’. Yo considero que la Vida ha sido anterior a los seres
vivientes; que fue el agente que comenzó a elegir y ordenar los materiales para
nuestra construcción; que ha sido la ingeniera, la arquitecta y es la agente
que nos sigue dando fuerza y energía motriz. Es también la que habita en
nosotros y nos usa como vehículo e instrumento de información. Intuyo que la
Vida es una sustancia imperceptible que llena y penetra todo el Universo.
No debemos decir que en tal o en cual lugar
no hay Vida, sino que en tal o en cual lugar no hay seres vivientes, porque el
medio reinante en esos lugares no es apropiado para que pueda crearlos y manifestarse
a través de ellos por faltar ciertos elementos o materiales esenciales para
su construcción.
Por otro lado, no sabemos si la Vida es o
no es un ser inteligente. Creo que es,
simplemente, una substancia inmaterial con potencialidades inimaginables capaz
de seleccionar, organizar e imprimir una dinámica en ciertos materiales, dándoles
una estabilidad y duración circunstancial en sus composiciones, y haciéndoles
capaces de duplicarse y procrease.
Y según los materiales y los medios
ambientales que encuentra en un lugar determinado, así da origen a la especie o
especies que pueden ser creadas en aquellos medios circundantes.
Luego, al correr del tiempo, esa misma Vida
creadora tratará de ir adaptando sus criaturas al medio en que tienen que
desarrollarse y las irá dotando de los órganos precisos para que sobrevivan. Y,
en caso de que ese medio ambiente sea demasiado adverso, la misma Vida
desistirá de su empeño y los seres que no puedan adaptarse se extinguirán.
Pero la Vida, a pesar de todo, estará
siempre y permanentemente a la expectativa para que, en el momento que se den
las circunstancias propicias en cualquier lugar, inmediatamente pueda pasar a
formar organismos vivos. La Vida siempre estará creando, en todas partes y en
todo momento.
Cuando se hable de la “perfección de la
vida”, esto no sólo se debe referir a la manera de vivir de unos individuos
aislados, sino a perfeccionar la vida de todas las especies de vivientes.
La
Vida no se debe mirar como propia de un sólo individuo; lo más individual que
se puede considerar a la Vida es la de una especie. Por otra parte, como dije
antes, hay muchos especuladores que, unas veces por dominar y atemorizar a los
individuos y otras por darnos dudosas esperanzas de premiarnos en una vida
futura, nos aconsejan ser dóciles y buenos en ésta. Generalmente, de
explicarnos las peripecias que nos pueden ocurrir después de la muerte, se
encargan las religiones. Se nos ofrece una cosa así como otra civilización, semejante
a la que estamos viviendo aquí. Por supuesto, sacan esas conclusiones de esta
Vida presente. De nuestra experiencia en la Tierra, deducen y pronostican las
vivencias que nos pueden sobrevenir luego al otro lado de la frontera de la
muerte.
Pocas religiones hacen o han hecho
alusiones a lo que pudiéramos haber sido antes de estar en la Vida que ahora
estamos viviendo. Sólo arguyen y sacan dudosas conclusiones sobre adónde vamos
después de la muerte, pero ninguna dice nada de dónde venimos o adónde hemos
estado antes de esta Vida. Eso sí, todas suponen, y con razón, que todos hemos salido de una fuente común.
Pero luego, también suponen que, después de la muerte ya no vamos a ese fondo
común, sino que seguiremos siendo y
manteniendo individualidades independientes unos de otros.
Igualmente, también todas las religiones
suponen que nuestros premios o castigos, luego después de esta Vida que estamos
viviendo, dependerán de las buenas o malas acciones que hayamos hecho en esta
vida presente. Alguna que otra religión sostiene que el placer o el padecer de nuestra Vida actual son
debidos al “karma” o la culpa que venimos arrastrando de las acciones malas de
nuestras vivencias de Vidas anteriores. Suponen también individuaciones personales
después de la muerte, además de suponerlas anteriores a esta Vida presente.
Explican que antes de engrosar esa superior
entidad, donde está contenido todo el poder omnipotente, deben pasar por una
serie de pruebas y purificaciones. No es a nada de esto a lo que me estoy
refiriendo aquí, pues no comparto ninguno de los supuestos que enumero más
arriba; lo que yo quiero decir no tiene nada que ver con ninguna clase de
religión. Cierto que antes de ninguna clase de ser viviente, incluyéndonos
nosotros los humanos, hemos debido salir de alguna parte y, lógicamente, para
salir de algún sitio tenemos que haber estado dentro de ese sitio. Y si es
problemático saber a dónde vamos, igual lo es saber de dónde venimos o adónde
hemos estado antes de venir a esta Vida. Pues bien, yo por mi parte, por lo
poco que he podido entender de lo mucho que nos dice la ciencia y la filosofía,
y de lo que hacen las Leyes Naturales que rigen todo el Universo, he podido
deducir y sobreentender que ni venimos ni vamos a ninguna parte de fuera de
aquí. Que siempre hemos estado aquí y de una u otra manera seguiremos estando
aquí es una verdad que creo.
También,
que la Vida está en todas partes y, por consiguiente, también está aquí y
seguirá estando, y los componentes materiales de que estamos hechos también han
estado aquí y seguirán estándolo. La Vida, que está flotando en todo el
Universo, en todo nuestro entorno, es la que ha tomado de aquí los materiales
precisos y los ha compuesto y ordenado para fabricar los seres con vida. Entre
ellos, estamos nosotros. Y cuando sobreviene nuestra muerte, la Vida se queda
con la Vida y la materia con la materia, pero todo seguirá estando en donde se
tomó, o sea, que seguirá estando aquí como estaba antes. La Vida cuando se
gasta un ser viviente, recicla sus despojos, los funde y con ellos mismos
reconstruye otros nuevos seres vivientes. Y así, la Vida sigue siempre nueva y
siempre pujante. La Vida tiene en sí misma el poder suficiente para premiar o
reprimir las acciones de sus criaturas mientras éstas están actuando. No
necesita ni un antes ni un después.
La
Vida es creadora y partícipe de todos los seres que nacen, que se desarrollan,
que se reproducen y que mueren. Toda esta dinámica sólo puede darla la Vida.
Y todos los castigos y los premios por
nuestros comportamientos, se padecen o se disfrutan aquí en esta Vida. Lo mismo
que se cometieron aquí en esta vida las transgresiones o los cumplimientos de
las Leyes Naturales, así se padecerán o se disfrutarán sus consecuencias
también aquí en esta Vida.
Reflexionando sobre todo lo anterior,
lograremos una personal realización a lo largo de nuestra Vida que, como hemos
visto, no sólo tiene fecha de creación, sino también de caducidad.
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