QUÉ PRETENDO?

Este "blog" quiere ser un elogio a la lectura, una invitación a contar con un libro como amigo, compañero que siempre está ahí y que hace volar tu imaginación.

martes, 23 de junio de 2026

¿QUÉ ES LA VIDA?

 Por Lino Morales Gómez

CONDICIÓN Y NOBLEZA DE LOS SERES HUMANOS IV, Páginas 225 a 233

La vida es provocada por una esencia o substancia etérea que se extiende y que llena todos los resquicios del Universo, que con su energía es capaz de organizar la materia orgánica y con ello crear seres vivientes. Es capaz, así mismo, de dar a ciertos seres con vida su propia e individual fuerza motriz para que tengan autonomía, para que puedan nutrirse, desarrollarse, conservarse, reproducirse, así como para poder relacionarse entre sí y, en cuanto a los seres humanos se refiere, para ser capaces de discernir el bien del mal.

    La vida en sí misma es un algo que por el momento aún no alcanzamos a comprender del todo, algo que no podemos captar ni a simple vista ni con ninguno de los medios científicos de que disponemos actualmente. Sin embargo, ese algo que está latente y presente en todo el Universo, en todo el macrocosmos, ese algo misterioso está siempre listo para, en cuanto que se dan los medios y los ambientes apropiados en un lugar determinado, pasar inmediatamente a organizar y crear seres, dándoles vida para habitar y poblar los mundos para poder manifestarse y dar fe de su presencia.

    Esa misteriosa esencia creadora se manifiesta incluso en medios bastante adversos; lo hace aunque sólo sea con o a través de organismos simples y rudimentarios. Luego, a lo largo del tiempo, los va perfeccionando y readaptando al medio en que desenvolverse.

    Así que la vida en sí misma es una misteriosa sustancia que se encuentra flotando en todo ambiente, en todo el Cosmos, y penetra a través de atmósferas, de líquidos y de sólidos, incluso está en el vacío total, y está latente en toda clase de temperaturas. Y siempre está presta a arremolinar, seleccionar y organizar ciertas substancias y partículas de materia para crear distintas especies de seres vivientes, entre los que hay gran variedad: dinámicos, sensibles, racionales…

    Por tanto, la vida es uno de tantos efectos constructivos y creativos que tienen las Leyes Naturales y que rigen el Universo. Es una potencialidad de estas Leyes Naturales; así pues, por ser la vida de procedencia natural, debemos aceptarla, respetarla y amarla. 

    Todos los componentes de nuestros cuerpos han sido tomados de la Naturaleza; todos estaban aquí antes de ser nosotros quienes somos y seguirán estando después de que nosotros dejemos de ser. Todo esto en cuanto a lo que se refiere a la parte material de nuestros organismos corporales. Particularmente, en esto hay pocos o casi nadie que lo cuestionen. No pasa lo mismo con la otra parte, o sea con nuestras facultades no materiales, con la parte que llamamos espiritual, o sea mental, intelectual, sentimental, etc. En el atribuir la fuente o procedencia y destino o supervivencia de estas potencialidades, sí que hay mucha disparidad de creencias.

     Yo en cuanto a esta cuestión, también tengo mi propio parecer; creo humildemente que todos tenemos derecho a usar la facultad de opinar, de tener nuestro particular criterio.

    Así pues, pienso que, igual que toda la parte material de nuestros cuerpos ha sido tomada de aquí, de este mundo, también lo demás ha sido tomado de aquí, o sea que también nuestras facultades no materiales han sido germinadas y generadas aquí, aunque lo llamemos parte espiritual.

     Puede que éstas sean energías cósmicas más sutiles de este Universo en que estamos inmersos y por eso son insensibles, pero también puede que sean fruto o producto de la misma materia organizada. En todo caso todo quedará, más o menos en el mismo sitio de donde se tomó. Creo que la vida es producida por una sustancia con unas propiedades no comprendidas, que dan el principio y el fin de los seres vivientes. Y, por favor, no me tachen ni de materialista, ni de mecanicista, ni de panteísta.

    Pues claro que habrá vida futura, lo mismo que ha habido vida pasada y hay vida presente, pero toda es una y única Vida. Primero es Vida en potencia y, después, organizando la materia se aloja en sus creaciones, dando lugar a una infinita gama de seres vivos, manifestándose a través de ellos obedeciendo a unas Leyes Naturales.  Todos estos seres con vida, mejor o peor dotados de facultades, participan de ese tronco común llamado Vida, vida que se manifiesta de infinitas modalidades, ya sean entes vegetales, animales o racionales. Pero estamos fundamentados y dinamizados por esa esencia misteriosa llamada Vida. Ésta es la que se encarga de organizar la materia dotándola de facultades y concediéndole individualidades y autonomías para su desarrollo, reproducción y comportamientos.

     En esto de la Vida, a pesar de su aparente misterio, no hay nada que sea sobrenatural; que la entendamos o no es otra cosa, pero, a pesar de ello, toda esta dinámica del vivir se desarrolla dentro de unos parámetros y de una lógica  y orden naturales.

      El hombre, generalmente, acostumbra a llamar actos sobrenaturales  a todas las fuerzas o energías que no comprende o no puede comprender con su limitada inteligencia; pero no por no comprenderlos ahora, tal vez los comprendamos más adelante, digo que no por eso dejan de ser naturales o de estar inmersos en el orden natural.                       

     He leído varios libros de autores que intentan explicar el  “Origen de la Vida” y he podido comprobar que todos estos autores se quedan y se enredan en la explicación del origen y composición de los órganos del  “ser”  viviente.

    Hablan extensamente de aminoácidos, de ácidos nucleicos, de  átomos, de moléculas, de enzimas, de proteínas, de vitaminas, de genes, de células y de muchos más ingredientes. Argumentan sobre la naturaleza de los materiales, el orden de cómo están colocados, las relaciones y reacciones entre ellos, los efectos y las causas de estos enlaces, en fin, hablan de todo lo empleado en el cuerpo, en el vehículo del cual se sirve la Vida para habitar en él, para estar y manifestarse, para transportarse de una manera real y también para poder relacionarse con otros seres en los cuales también habita la Vida.

    Todas estas explicaciones están muy bien, pero son así como si quisiéramos explicar el origen de un palacio, diciendo lo que son las piedras, los ladrillos, el cemento, la arena, las maderas, los cristales,  etc. etc. que entran en su composición y cómo se colocan y combinan todos estos materiales para dar origen a esta maravilla de palacio que estamos contemplando. También, hablaríamos del orden y el exquisito gusto de cómo están amueblados los amplios aposentos interiores donde viven, trabajan y se divierten sus moradores. Pero sin dar ninguna explicación del arquitecto, ni de los maestros albañiles, pintores, carpinteros, etc. que hicieron posible tal maravilla.

      Se olvida totalmente el agente que ideó y construyó ese portentoso monumento, que somos nosotros, que sería nuestro Creador, y así es como explican ‘el Origen de la Vida’ casi la totalidad de los señores escritores que intentan darnos a conocer el gran misterio que encierra y envuelve la Vida.

    Además de no entender ni explicar nada de cómo opera ese escultor que hizo, y sigue haciendo posible, la construcción de estos organismos o seres vivientes tan enigmáticos y tan perfectos, tampoco aclaran nada de cómo sigue dándoles aliento y animosidad. En concreto, de este gran arquitecto no dan explicaciones concretas, no dicen nada, o sea, que de la Vida misma o propiamente dicha no aclaran nada.

    Yo quisiera que estos señores que intentan explicar el  ‘Origen de la Vida’, me dieran razones más convincentes. Yo creo que lo que surge no es exactamente la Vida sino los ‘Seres vivientes’ que son los entes que contienen la Vida. La Vida no es generada por los seres vivientes, sino que éstos son generados por la Vida. Ellos son los vehículos donde va alojada la Vida. La Vida fue la que empezó a colocar las cosas para habitar en ellos, en todos nosotros.                     

    Entiendo, por eso, que esta frase de ‘Origen de la Vida’, que generalmente vienen empleando muchos investigadores, no es correcta; para este caso, se debería decir esta otra, ‘Origen de los seres vivientes’. Yo considero que la Vida ha sido anterior a los seres vivientes; que fue el agente que comenzó a elegir y ordenar los materiales para nuestra construcción; que ha sido la ingeniera, la arquitecta y es la agente que nos sigue dando fuerza y energía motriz. Es también la que habita en nosotros y nos usa como vehículo e instrumento de información. Intuyo que la Vida es una sustancia imperceptible que llena y penetra todo el Universo.

    No debemos decir que en tal o en cual lugar no hay Vida, sino que en tal o en cual lugar no hay seres vivientes, porque el medio reinante en esos lugares no es apropiado para que pueda crearlos y manifestarse a través de ellos por faltar ciertos elementos o materiales esenciales para su  construcción.

    Por otro lado, no sabemos si la Vida es o no es un ser inteligente.  Creo que es, simplemente, una substancia inmaterial con potencialidades inimaginables capaz de seleccionar, organizar e imprimir una dinámica en ciertos materiales, dándoles una estabilidad y duración circunstancial en sus composiciones, y haciéndoles capaces de duplicarse y procrease.

    Y según los materiales y los medios ambientales que encuentra en un lugar determinado, así da origen a la especie o especies que pueden ser creadas en aquellos medios circundantes.

    Luego, al correr del tiempo, esa misma Vida creadora tratará de ir adaptando sus criaturas al medio en que tienen que desarrollarse y las irá dotando de los órganos precisos para que sobrevivan. Y, en caso de que ese medio ambiente sea demasiado adverso, la misma Vida desistirá de su empeño y los seres que no puedan adaptarse se extinguirán.

    Pero la Vida, a pesar de todo, estará siempre y permanentemente a la expectativa para que, en el momento que se den las circunstancias propicias en cualquier lugar, inmediatamente pueda pasar a formar organismos vivos. La Vida siempre estará creando, en todas partes y en todo momento.

    Cuando se hable de la “perfección de la vida”, esto no sólo se debe referir a la manera de vivir de unos individuos aislados, sino a perfeccionar la vida de todas las especies de vivientes.

     La Vida no se debe mirar como propia de un sólo individuo; lo más individual que se puede considerar a la Vida es la de una especie. Por otra parte, como dije antes, hay muchos especuladores que, unas veces por dominar y atemorizar a los individuos y otras por darnos dudosas esperanzas de premiarnos en una vida futura, nos aconsejan ser dóciles y buenos en ésta. Generalmente, de explicarnos las peripecias que nos pueden ocurrir después de la muerte, se encargan las religiones. Se nos ofrece una cosa así como otra civilización, semejante a la que estamos viviendo aquí. Por supuesto, sacan esas conclusiones de esta Vida presente. De nuestra experiencia en la Tierra, deducen y pronostican las vivencias que nos pueden sobrevenir luego al otro lado de la frontera de la muerte.

    Pocas religiones hacen o han hecho alusiones a lo que pudiéramos haber sido antes de estar en la Vida que ahora estamos viviendo. Sólo arguyen y sacan dudosas conclusiones sobre adónde vamos después de la muerte, pero ninguna dice nada de dónde venimos o adónde hemos estado antes de esta Vida. Eso sí, todas suponen, y con razón,  que todos hemos salido de una fuente común. Pero luego, también suponen que, después de la muerte ya no vamos a ese fondo común,  sino que seguiremos siendo y manteniendo individualidades independientes unos de otros.

    Igualmente, también todas las religiones suponen que nuestros premios o castigos, luego después de esta Vida que estamos viviendo, dependerán de las buenas o malas acciones que hayamos hecho en esta vida presente. Alguna que otra religión sostiene que el placer  o el padecer de nuestra Vida actual son debidos al “karma” o la culpa que venimos arrastrando de las acciones malas de nuestras vivencias de Vidas anteriores. Suponen también individuaciones personales después de la muerte, además de suponerlas anteriores a esta Vida presente.

    Explican que antes de engrosar esa superior entidad, donde está contenido todo el poder omnipotente, deben pasar por una serie de pruebas y purificaciones. No es a nada de esto a lo que me estoy refiriendo aquí, pues no comparto ninguno de los supuestos que enumero más arriba; lo que yo quiero decir no tiene nada que ver con ninguna clase de religión. Cierto que antes de ninguna clase de ser viviente, incluyéndonos nosotros los humanos, hemos debido salir de alguna parte y, lógicamente, para salir de algún sitio tenemos que haber estado dentro de ese sitio. Y si es problemático saber a dónde vamos, igual lo es saber de dónde venimos o adónde hemos estado antes de venir a esta Vida. Pues bien, yo por mi parte, por lo poco que he podido entender de lo mucho que nos dice la ciencia y la filosofía, y de lo que hacen las Leyes Naturales que rigen todo el Universo, he podido deducir y sobreentender que ni venimos ni vamos a ninguna parte de fuera de aquí. Que siempre hemos estado aquí y de una u otra manera seguiremos estando aquí es una verdad que creo.

También, que la Vida está en todas partes y, por consiguiente, también está aquí y seguirá estando, y los componentes materiales de que estamos hechos también han estado aquí y seguirán estándolo. La Vida, que está flotando en todo el Universo, en todo nuestro entorno, es la que ha tomado de aquí los materiales precisos y los ha compuesto y ordenado para fabricar los seres con vida. Entre ellos, estamos nosotros. Y cuando sobreviene nuestra muerte, la Vida se queda con la Vida y la materia con la materia, pero todo seguirá estando en donde se tomó, o sea, que seguirá estando aquí como estaba antes. La Vida cuando se gasta un ser viviente, recicla sus despojos, los funde y con ellos mismos reconstruye otros nuevos seres vivientes. Y así, la Vida sigue siempre nueva y siempre pujante. La Vida tiene en sí misma el poder suficiente para premiar o reprimir las acciones de sus criaturas mientras éstas están actuando. No necesita ni un antes ni un después.

     La Vida es creadora y partícipe de todos los seres que nacen, que se desarrollan, que se reproducen y que mueren. Toda esta dinámica sólo puede darla la Vida.

    Y todos los castigos y los premios por nuestros comportamientos, se padecen o se disfrutan aquí en esta Vida. Lo mismo que se cometieron aquí en esta vida las transgresiones o los cumplimientos de las Leyes Naturales, así se padecerán o se disfrutarán sus consecuencias también aquí en esta Vida.

     Reflexionando sobre todo lo anterior, lograremos una personal realización a lo largo de nuestra Vida que, como hemos visto, no sólo tiene fecha de creación, sino también de caducidad.



jueves, 29 de enero de 2026

MÁS REGLAS PARA UNA JUSTA Y SOLIDARIA CONVIVENCIA SOCIAL

LINO MORALES GÓMEZ: Capítulo de: ALTERNATIVA 2222: EN BUSCA DE UNAS RELACIONES ECONÓMICAS JUSTAS, pág. 146

 Es aconsejable celebrar unos debates o asambleas de

magistrados y juristas expertos en derechos y deberes

naturales, licenciados que serán juristas, no políticos.

Redactarán unas estructuras o reglas de comportamientos

sociales, unas reglas de conducta que sean justas y claras,

que nos igualen a todos en derechos y deberes. A éstas se

les dará el rango de leyes positivas, leyes que aunque

humanas serán afines con las leyes naturales, leyes que los

poderes judiciales harán cumplir. Estos poderes nos

impondrán el cumplimiento de unas reglas que nos

garantizarán a todos una protección segura de toda clase de

vandalismos que nos libren de ajenas agresiones, para que

así podamos disfrutar de una segura, solidaria y fraternal

convivencia. Repito que el vivir en sociedad nos obliga a

concertar normas y convenios que garanticen un orden

justo y solidario.

Los juristas, que serán los encargados de hacer cumplir las

leyes, tanto naturales como positivas, deberán basarse en

reglas éticas, normas morales, valores, máximas y

proverbios emanados y tomados de las mismas leyes

naturales. Todo esto nos servirá de indicadores para

reconocer la conveniencia de seguir los derechos naturales.

lunes, 23 de septiembre de 2024

CULPABILIDAD – ¿AÑADÍ LEÑA AL FUEGO? – ¿INOCENTE O CULPABLE?


Por Lino Morales Gómez

 

Corrían los últimos días del mes de diciembre del año 1943, cuando ya se me terminaba el permiso que había estado disfrutando en mi pueblo natal, un pueblecito manchego situado al socaire de los Montes de Toledo. Yo estaba cumpliendo el servicio militar en un regimiento ubicado en Vigo (Pontevedra).

En aquel tiempo, Madrid era principio y fin de casi todos los ferrocarriles de España. Por esta causa, era obligado hacer escala y transbordo en dicha capital. Yo procedía de los del sur y tenía que coger los del norte.

Cada vez que venía de permiso, me tomaba un par de días para husmear y fisgonear por Madrid. En estos días, visitaba museos, monumentos, catedrales, parques, etc. Siempre, me alojaba en una misma pensión; ya la conocía y me conocían. La patrona era muy amable y me informaba de lo que era interesante de ver y visitar. Al mismo tiempo, me advertía y daba consejos para evitar sorpresas desagradables.

Cuando llegué esta vez, la patrona despachaba con una moza -que dicho sea de paso era bien parecida- y no pude evitar oír lo que le decía:

-        Hija mía, lo siento, pero ya ves que esto es una casa pequeña que no necesita más personal que los que estamos.

Después de asearme un poco y tomar un bocado, me dispuse a salir a dar una vuelta. Cuando llegué abajo, me sorprendí al ver que aún estaba la moza en el portal de la entrada.

El día había empeorado y estaba empezando a nevar. La chica no llevaba prenda de abrigo, lo que me dio pie para empezar la conversación diciendo:

-        ¿Te da pereza salir? Eres muy valiente para salir tan a cuerpo.

Ella me miró con lágrimas en los ojos y me dijo:

-        Si usted supiera lo que me pasa y en la situación que me encuentro, no hablaría tan a la ligera.

-        Mujer, si en algo puedo ayudarte, estoy dispuesto a hacerlo, le contesté yo.

-        Creo que no podrá usted hacer nada. Estoy en un callejón sin salida. Hace nueve días que vine de casa y no encuentro trabajo y, lo peor, es que sólo me queda dinero para pagar la pensión estos siete días.

-        ¿Qué clase de trabajo buscas?

-        De momento, en lo que sea: para dependienta, para sirvienta, aunque fuese para fregar platos y, si también se pone, también puedo hacer trabajos de oficina, pues tengo algunos estudios.

-        No creo que sea tan difícil encontrar algo, supuesto que estás dispuesta a aceptar lo que salga. Bueno, mira, si quieres, te acompaño a buscar. Creo que con algo tropezaremos.

-        Dios le oiga ¡ay, Virgencita mía, ampárame!

-        Tengo entendido que algunas señoras que necesitan asistentas para cuidar ancianos, niños o para que les hagan la limpieza a horas, dejan recado en panaderías, fruterías o sitios así. ¿Te parece bien que empecemos preguntando por ahí?

-        Vale. El caso es poder salir de esta angustiosa situación. Luego, ya iría yo buscando otra cosa con más calma.

Estuvimos buscando y preguntando por calles y mercados, por tiendas y porterías. También, preguntamos a algunos guardias, pero nada encontramos. La chica iba aterida de frío y llevaba las manos como un trozo de hielo. Ya rebasado el mediodía, pasamos a un bar y tomamos un bocadillo que no consentí que pagara ella. Como vi que ya estaba un poco más calmada, aproveché para preguntarle:

-   Pero a ver, ¿cómo es que decidiste largarte de casa tan precipitadamente y en estas condiciones?

-        Pues verá usted.

-      Bueno, déjate ya de eso de ‘usted’, tutéame que por eso no va a pasar nada. Y a todo esto, ¿cómo te llamas? Yo me llamo Lino.

-        Yo Soledad y nunca mejor dicho. Pues verás, es una historia muy larga. Comenzaré desde un poco atrás. Éramos una familia bien avenida. Mi padre tenía y tiene un trabajo fijo y bien pagado, pero tuvimos la desgracia de que mi madre enfermó de tuberculosis, ya sabe, una enfermedad incurable, y al cabo de dos años murió. En esa fecha, yo tenía 15 años.

Quedamos solos mi padre y yo. Él me decía: “Hija mía, la vida sigue, ya nos apañaremos como Dios nos dé a entender. Quiero que sigas estudiando para que luego te puedas colocar bien”. Pero claro, la casa estaba desatendida y las comidas eran un desastre. Mi padre ya empezaba a decir: “Aquí, necesitamos una mujer, esto no puede seguir así”. Al poco más de un año,  se buscó una mujer y se casó con ella. Así, mal que bien, íbamos tirando.

Mi padre se interesaba mucho por mí, tanto que mi madrastra empezó a sentirse relegada y quejinglosa, y comenzó a meter cizaña a mi padre: “Que si la niña es muy desordenada, que si no tenía interés por los estudios, que si no la ayudaba en nada”. Mi padre empezó a reñirme y a amenazarme. Yo procuraba portarme bien con ella, pero como si nada.

En el instituto, empecé a tener relaciones con un chico y, por desgracia, un día íbamos por la calle paseando y nos vio mi madrastra. Le faltó tiempo para ir a chivarse a mi padre, pero lo peor es que le fue diciendo mentiras: “Que íbamos cogidos de la mano, que él me echaba el brazo por el hombro, que incluso llegó a besarme y que iba dando escándalo por la calle”. En fin, al llegar a casa, mi padre estaba hecho una furia aunque yo lo negaba todo. Y fue peor todavía. Llegó a pegarme qué sé yo cuántas bofetadas.

A partir de entonces, aquello era un infierno. El caso es que yo quería al chico y, a pesar de aguantar tantas riñas e incluso palizas, no le dejé. Así, llegó el día que él tuvo que irse a la mili y, naturalmente, me escribía cartas muy a menudo. Las mandaba a casa de una amiga mía y luego ella me las daba. Mi madrastra me registraba mis cosas y, cuando se enteraba que recibía cartas del chico, se lo decía a mi padre y paliza al canto, pues él no le quería por todo lo que le contaba mi madrastra: “Que era un golfo y un mal educado, que no le gustaba su familia”. En fin, una tortura. Pero la gota que colmó el vaso fue que, una vez que vino con permiso, cuando nos vimos, lo primero que me dijo fue: “Ya estoy harto. Esto se acabó. Dile a tu padre que te busque un novio a su medida. Así que: Adiós”. Me dejó plantada en medio de la calle. Me encerré en mi habitación a hincharme de llorar. Mi madrastra al verme llorar me preguntó qué me pasaba. Yo ni le contesté. Enseguida, salió a averiguar algo y, naturalmente, se enteró. Cuando llegó mi padre del trabajo, le faltó tiempo para contárselo. La reacción de mi padre fue que me propinó una soberana paliza.

Durante la noche, pensé irme a casa de una tía, hermana de mi padre. De mi madre, no tengo ningún tío. Pero claro, pensé que si estaba con mi tía se enterarían en seguida y sería mucho peor. Ya por la mañana del día siguiente, vi que mi madrastra me vigilaba, así que para que me dejara salir le dije: “Voy un momento a casa de mi amiga Julita” -ésta vivía en la portería de al lado- . Así que cogí el poquillo dinero que tenía ahorrado y salí con lo puesto. Hacía un día soleado y ten en cuenta que soy de Málaga y allí son raros los días que hace frío. Salí caminando sin pasar a casa de mi amiga y sin saber a dónde iba. Hasta me parecía oír: “Tu vida ya no tiene sentido, maldita sea, vete al puerto y tírate al agua”.

En aquel caminar sin rumbo fijo, perdí la noción del tiempo. Lo que sí sé es que, en un momento dado, oí el pitido de un tren y, sin pensarlo, me dije: “Al tren”. Con eso, me encaminé hacia la estación. Una vez allí, me dirigí decididamente a la taquilla y pregunté qué tren era ése. Al decirme “El correo de Madrid”, me quedé pensativa. El señor de los billetes me acució: “Dese prisa que sale en pocos minutos”.

Y sin más palabras, aquí me tienes llorando, Virgencita mía.

-        Bueno, no llores más que con eso no vas a conseguir nada. Mira, vamos a hacer una cosa. Ya las horas que son y con la cara que haces, no vamos a ninguna parte. Así que te vas a tu pensión y procura descansar todo lo que puedas. Y mañana, que también voy a estar aquí todo el día, pues hasta las diez de la noche no tengo que coger el tren correo de La Coruña, te acompañaré y buscaremos más, a ver si hay mejor suerte. Venga anímate y haz mejor cara, mujer. Te acompaño hasta tu pensión para saber dónde está y mañana  a las nueve voy a buscarte, y seguimos. Todo esto si te parece bien.

-        Sí, si tú quieres, por mi parte te estoy muy agradecida. Dios te lo pague.

Así lo hicimos. Al día siguiente, recorrimos de la Ceca a la Meca y nada. Lo único que hicieron en algunos sitios fue tomarle  el nombre y la dirección por si preguntaba alguien.

A media tarde, yo le comenté:

-        Si fuera en Vigo, sí que encontrarías trabajo. Allí, hay muchas fábricas conserveras de pescado y en cada una trabajan multitud de mujeres. Yo las he visto a la salida del trabajo.

Ella me miró atentamente como si quisiese inquirir algo más y, de golpe, me espetó:

-            Si me fuese allí, ¿tú crees que me admitirían en alguna de esas fábricas?

-        Yo creo que sí. Además, conozco a un chico que trabaja en una de ellas y es pariente de uno de los encargados. Pero, vaya, con esto no te garantizo nada. Y ten en cuenta que Vigo está muy lejos de aquí.

-        Cuando he podido venir de Málaga, también puedo llegarme a Vigo.

-        Pero, ¿tienes dinero para el viaje y luego para estar allí hasta encontrar trabajo? Yo no puedo darte, llevo lo justo para pagarme el viaje. Mira, ya llevo más de dos años y medio en la mili y, en todo ese tiempo, no he querido ser una carga para mi padre, pues es de condición humilde. Lo que sí llevo es comida. Estos días mataron el cerdo en casa y he cargado sin tino.

-        Me monto sin billete, luego ya veremos.

-        No sé, no sé. Bueno, lo que sea hay que decidirlo pronto. Ya la hora que es hay que recoger las cosas.

-        Yo poca cosa tengo que recoger. Lo único despedirme de la patrona.

Irreflexión de juventud lo considero ahora, a aquella repentina determinación que tomamos. Como dos horas llevábamos ya de marcha e íbamos tranquilos en aquellos asientos de madera, arrebujados muy juntos con mi capote manta (prenda de abrigo que se usaba en el ejército por aquel tiempo) cuando apareció por la puerta del vagón el revisor pidiendo los billetes. Quedamos como paralizados. Yo fui el primero que reaccionó y le dije: “Vete como que vas al lavabo y vas al vagón de delante o al otro y, en la primera estación que pare, te apeas y te vienes por el andén para atrás y vuelves a subir”.

Pero, nada más cruzarse al otro coche, el revisor dejó de picar billetes y fue pasillo adelante. Pasó lo que me temía. La pescó. Momentos después, el tren paraba en un apeadero. Aquellos trenes correo paraban en todas las estaciones y apeaderos. Yo me asomé por la ventana del vagón y la vi en el andén. El revisor la había hecho bajar. La llamé, pero ella no se movía. Al momento, el tren empezó a moverse. Estaba tan cerca que, cuando le alargué la mano, le pasé rozando, pero ella permaneció como una estatua. Temí que se tirara al tren. La miré hasta perderla de vista.

La noche estaba estrellada, ni llovía ni nevaba, pero todos los campos estaban cubiertos de nieve y la temperatura ambiente era de varios grados bajo cero. Ya estábamos en la provincia de Ávila. Aquella última visión de ella quedó clavada en mi alma eternamente.

Cuarenta y tantos años han pasado y puedo asegurarles que, ni un solo día, he dejado de acordarme de aquella indefensa muchachita. Cada día me pregunto: ¿Qué sería de ella? ¿Se convertiría en una ‘perdida’? ¿La ampararía alguien? O, por el contrario, ¿La hundirían más? Aunque parezca pueril, me siento culpable por haberle dado esperanzas de conseguir un hipotético trabajo. Pienso que quizá podría haberla hecho desistir de aquel descabellado y desventurado viaje. 

martes, 23 de agosto de 2022

LOS NOVILLOS 2.0 Y OTRAS HISTORIAS DE LA ESCUELA de Francisco Santos Rico (escritor) y María del Pilar Camacho López (ilustradora)


 Nacidos en Fuente el Fresno (Ciudad Real) en 1961 y 1964, leyendo Los Novillos 2.0, nos sumergen en una época de su infancia que bien podría haber sido la de cualquier niño de aquellos años. En catorce capítulos, todos relacionados con la escuela de un pueblo donde todos se conocen, se describen las situaciones en que se va encontrando un grupo de clase normal durante un año escolar. Desde la víspera de comenzar, hasta el reparto de notas a final de curso, vamos viviendo diferentes situaciones y vivencias relacionadas con el grupo-clase, con su profesor e, incluso, con las familias de los muchachos. La memoria del autor i algo de ficción en su ausencia nos hacen sonreír en muchas ocasiones ante las respuestas a situaciones del día a día.

Sobresalen algunos personajes: Óscar, niño inteligente e imaginativo que aprueba todo pero es un poco vago, es el protagonista; fue capaz de decir a sus compañeros que se había disfrazado de policía secreta y, por eso, no le vieron en la fiesta. Su madre no había podido comprarle un disfraz. Zacarías es un mal estudiante que sólo aprueba "Gimnasia" y una mala influencia para Óscar. Eusebio, niño que se relacionaba poco con sus compañeros, somete a un león que se había escapado de su jaula en el zoo de Madrid. Y, cómo no, don Alfredo, maestro vocacional, que va ejerciendo su labor muy profesional entre tanta diversidad. 

El relato lo hace, desde su memoria, la madre de Óscar mientras se lo cuenta a una vecina. Ambas utilizan deliciosas expresiones del vocabulario popular que, gramaticalmente no se admiten, pero que circulaban en el boca a boca, a pesar de que algunas me han parecido irreales, exageradas.

Me ha llamado la atención la utilización del diálogo constante en la narración que, a pesar de mezclar diferentes conversaciones, se pueden seguir las ideas principales.  

Recomiendo su lectura, sobre todo a aquellas personas que han pasado su niñez en un pueblo. Se reviven muchas situaciones similares.





miércoles, 5 de mayo de 2021

LLÉVAME A CASA de Jesús Carrasco

 

Publicado en febrero de este año 2021, en plena pandemia de la COVID 19, me ha parecido un libro genial y conmovedor, no sólo por la manera de situarnos en el tiempo y los lugares que describe, sino por su contenido. El autor hace que nos sintamos casi partícipes de los problemas y acontecimientos que narra. Su planteamiento principal es el conflicto que plantean unos hijos que han marchado de su pueblo buscando su lugar en el mundo y unos padres que se quedan solos. La historia transcurre entre finales de los años sesenta y el año dos mil diez. A lo largo de su relato, 

Jesús Carrasco nos va introduciendo en la dulzura de una madre que sólo ha vivido para su marido e hijos, renunciando a ella misma y acabando con Alzheimer; las vicisitudes familiares desde que, a finales de la década de los sesenta, salen de un pueblo de la provincia de Toledo dos jóvenes a trabajar a la ciudad, se encuentran y se casan; la vuelta al pueblo con una enfermedad pulmonar del padre por el amianto que ha ido respirando en la fábrica; la finalización de los estudios de los hijos que los lleva a no tener futuro en el pueblo y a marchar lejos a buscarlo, o cómo se combinan Juan e Isabel para volver a Cruces y cuidar de sus padres. Todo ello narrado con naturalidad, gran madurez, delicadeza y conocimiento de situaciones, personajes, lugares y época.

 El autor domina bien los temas que trata: el problema de la emigración dentro y fuera de España, las reflexiones entre el deber de los hijos a cuidar de los padres y la búsqueda de fundar su propia vida, la posible falta de amor y experiencia de las cuidadoras de gente mayor, las consecuencias del trabajo con las uralitas, la compra de patentes interesantes por parte de países extranjeros, la evolución del Alzheimer o el funcionamiento de un virus y su posible destrucción.

 Es un libro que me ha llevado a leerlo dos veces por mi gran avidez de vivir cada situación con todo lujo de detalles. Quizás porque relata situaciones que me son familiares en alguno de sus aspectos y me recreaba en ellas. O quizás porque ha conseguido aislarme de lo que me rodea sumergiéndome en él. 

domingo, 21 de febrero de 2021

STONER de John Williams

 

Me ha parecido una delicia de libro, cuyo autor, John Williams, participó en la Segunda Guerra Mundial y ejerció como profesor, después, en la Universidad de Misuri. Por tanto, es conocedor en primera persona de los temas que trata, a pesar de que será el tema profesor y profesorado, en sus vertientes personal y social,  lo que predomina, todo con personajes y situaciones ficticias.

 Si bien, el argumento atrapa desde el primer momento, lo más destacable es su exquisito vocabulario descriptivo. Nos dibuja a la perfección no sólo lugares y personas, sino situaciones, vivencias, pensamientos, afectos, relaciones sociales, sentimientos íntimos y reacciones ante cualquier eventualidad que se presentase.

 Stoner es el protagonista y personaje principal. Hijo de granjeros y agricultores, es enviado por sus padres a la Universidad para estudiar Agricultura y temas relacionados con la mejora de su producción rural. Cuando se gradúa, comunica a sus padres que cambió sus estudios y no volverá con ellos. Todo el libro transcurre entre esta situación y su muerte poco después de jubilarse, con algunos paréntesis de felicidad en su vida: el momento en que se enamora por primera vez, los primeros años de su hija, su amor a la literatura, sus clases y asesoramiento a diversos estudiantes, y su gran amor entre una alumna y él. Todo ello entresacado de su fracaso matrimonial y de la persecución por envidia de algún colega suyo.

Sus precisas descripciones son un regalo para la imaginación del lector: 

Era una tarde de septiembre, la fachada del gran edificio estaba a la sombra, por lo que en el césped se proyectaba la forma nítida del bloque, con su cúpula semicircular oscureciendo el verde y arrastrándose imperceptiblemente hacia fuera del campus. Una brisa fresca entraba por la ventana trayendo el frágil aroma del otoño.

 

La neblina retenía el olor del humo de la hojarasca quemada en los patios traseros de las casas y, mientras caminaba lento en medio de la noche, oliendo la fragancia y paladeando el áspero aire nocturno, le pareció que el instante en el que entraba era suficiente y que no necesitaría mucho más.

                                                          ...  

En el apartamento pequeño y oscuro, escondido como una cueva bajo la enorme casa antigua, les parecía salirse del tiempo hacia un universo atemporal descubierto por ellos solos. 

...

Abrió el libro. Dejó que sus manos hojearan las páginas y sintió un hormigueo que recorrió sus dedos y recorrió su carne y sus huesos. La luz del sol, entrando por la ventana, resplandecía sobre la página y no podía ver lo que allí había escrito. Los dedos perdieron fuerza y el libro que sostenían se deslizó despacio y luego bruscamente sobre su cuerpo inmóvil, cayendo en el silencio de la habitación.

 

 

 

 

lunes, 18 de enero de 2021

CISNES SALVAJES de Jung Chang


Me va a ser muy difícil resumir un libro de 549 páginas que es historia. Hay que leerlo porque es apasionante la cantidad de detalles documentados que se dan sobre la vida diaria de una sociedad totalmente patriarcal. Es un viaje en el tiempo por China a través de tres generaciones de una misma familia en unos años clave de su historia. Jung Chang narra la historia familiar de su abuela Ju fang, de su madre Deng-hong y la de ella misma, nacidas en 1909, 1931 y 1952, respectivamente.

El entorno y la vida de la abuela fueron los de una China tradicional en una familia de clase media. De pequeña, le vendaron los pies para conseguir que no crecieran, costumbre que estaba despareciendo. La autora nos describe todo el proceso tan doloroso que se sufría desde pequeña y para toda la vida. Ju fang era inteligente y la educaron para poder conseguir un buen marido. Fue concubina con quince años de edad de un señor de la guerra que tenía cuarenta y ocho, relación acordada por su padre y de la que ella se enteró pocos días antes de la boda. Tuvo su única hija con él. Vivió la dominación japonesa entre 1938 y 1945, cuando hubo dos tipos de escuelas, las que frecuentaban los japoneses, bien equipadas, y las que acogían los niños locales, como su hija que, incluso eran maltratados por los profesores que eran japoneses. Toda la sociedad sufrió muchas vejaciones, encarcelamientos políticos, sobornos  y torturas. Como Japón se había aliado con Alemania e Italia y como Alemania se había rendido, en la Segunda Guerra Mundial, los japoneses iban abandonando su idea imperialista en el sudeste asiático. Derrotados, llegó a la zona el Ejército Rojo Soviético, quienes también se dedicaron a la rapiña y a los abusos contra los colaboracionistas de los japoneses. Mientras, se reanudaba la lucha entre los comunistas chinos de Mao,  ayudados por los rusos, y el Kuomintang, fuerza nacionalista de China.  

En cuanto a la madre, tenía ya quince años cuando pudo ir a formarse como profesora a la universidad, pero, el desencanto por la corrupción de los funcionarios del Kuomintang, hizo que empezase a sentir simpatía por los comunistas como mejor alternativa, primero en la clandestinidad. Declarada la República Popular China en 1949, con Mao como presidente hasta 1976, empezó una lucha encarnizada contra los seguidores del Kuomintang, por considerarlos capitalistas seguidores de Occidente. Vivió la deificación de Mao en todo el país, el total sometimiento de los pensamientos de la gente, una lealtad casi enfermiza al presidente, a costa de la muerte de mucha gente y de denuncias públicas que se hacían unos a otros. Se persiguió a intelectuales, a profesores. La madre de la autora creció en esta atmósfera hostil de todos contra todos, llegando a ser funcionaria con cargos de responsabilidad dentro del partido, el cual había llevado las cosas tan lejos que vivía desilusionada. Casada con otro funcionario del partido, ambos vivían entregados a su trabajo y, de vez cuando, sometidos a juicio sobre sus actuaciones o sobre sus posesiones. No reconocidos internacionalmente los comunistas chinos, Mao quiso demostrar que eran capaces de producir más acero que EEUU y UK juntos. Y puso a toda la nación a producirlo en multitud de hornos a los que arrojaban cualquier objeto de hierro. Lo llamó el Gran Salto Adelante. Como los obreros abandonaron el campo para producir acero, padecieron años de hambre.

Más tarde, se arengaba a grupos de estudiantes a perseguirlos, a torturarlos. La Revolución Cultural de Mao consistió en eliminar cualquier resquicio de interés por la cultura.

En 1952, nació Jung Chang, la autora del libro que, como hija de dos funcionarios del Partido, pudo ir al principio a escuelas privilegiadas, donde le inculcaban lo mal que vivían los occidentales y que el mundo capitalista era un infierno. Pero, leía a hurtadillas que Occidente era un lugar avanzado con una tecnología puntera e iban albergando la idea de viajar allí algún día. Vivió de pequeña la producción del acero, la Revolución Cultural y también las acusaciones hasta el tormento de sus padres por causas inventadas. Fue a trabajar como campesina, como muchos estudiantes con otra idea descabellada de Mao para que se hicieran fuertes. Su padre muere en 1975 y, en 1976 muere Mao, después de lo cual gana una beca para ir a estudiar a Inglaterra, conde vive actualmente.